MISTERIO EN LA LAGUNA. CAPÍTULO 26
Archivo Histórico Provincial
-¿Qué orden secreta es esa? –preguntó Marta
a Pedro Hernández-. Nunca había oído hablar de ella.
El archivero sonrió.
-Normal, si se llama secreta es por algo.
-¿Y cómo la conoces tú entonces?
-Pues por un librito muy curioso que leí
hace años. Su autor, Jean Dukan, vivió a caballo entre los siglos XIX y XX, y
fue un erudito en el estudio de las sectas pseudorreligiosas. Si te acuerdas,
cuando le seguimos la pista a la secta de los Siete Ángulos en la casa del
escalofrío de Santa Cruz, me basé en ese libro, que contiene noticias únicas.
-Lo recuerdo, hace unos años, cuando me
puse enferma al tiempo de la inauguración del Templo Masónico.
-Exacto. Pues bien, en ese mismo libro. El legado heterodoxo, agotado y no reeditado,
hay un capítulo, el más breve de todos, dedicado a la Orden secreta de los
custodios de la Cámara Santa.
-¿Y qué dice?
-Por lo poco que pudo conocer nuestro
autor francés, se trataba de una especie de hermandad creada en la Edad Media,
como muchas de ellas. A veces el origen de todas ellas es el mismo, resulta
cansino.
-No te desvíes, Pedro.
-De acuerdo. Pues unos caballeros
franceses, no se especifica si eran de
la época de Las Cruzadas o después, yo creo que mucho después, se unieron para
salvaguardar de manos infieles determinadas reliquias de la vida de nuestro
salvador Jesucristo.
-¿Reliquias? ¿Huesos de santos o cosas así?
-Algo distinto, querida. Buscaban
conservar objetos que hubiera tocado el mesías cristiano. Imagina: la corona de
espinas, los clavos de la cruz, la propia cruz –desmenuzada en miles de
pequeños fragmentos-, la sábana santa, y por supuesto, el objeto estrella.
-El cáliz de la Última Cena, el Grial –concluyó
la arqueóloga.
-El caso es que, con el tiempo, estos
hermanos se desviaron un poco de su idea inicial de preservación de esos objetos
de manos infieles para entender que solo podían estar en sus manos. Suele
ocurrir con este tipo de hermandades.
-¿Y llegaron a estar posesión de esos
objetos? Hay centenares de lugares que afirman poseerlos en exclusiva.
-El mercado de reliquias fue un gran negocio
hace siglos. Hoy ha bajado un poco, pero algunas todavía se cotizan. Cada cual
cree que tiene la auténtica, y esa certeza se basa en leyendas e incluso en
documentos, todos de dudosa autenticidad, dicho sea de paso. Esta hermandad
también compartía esa “seguridad” de poseer los objetos verdaderos. El hecho
que refiere Dukan en su libro es que tenían una norma que los hacía peligrosos.
-Y que los diferenciaban del resto,
supongo.
-Así es. Cuando adquirían uno de esos objetos
tenían la costumbre de no dejar testigos. Todos los que se vieran involucrados
en la transacción eran asesinados sin remisión.
-Hay que ver lo que se llega a hacer en nombre
de objetos santos. Creo que esos tipos habían perdido el Norte.
-Yo también. Este detalle es lo que ha
hecho que se sepa tan poco de esta hermandad. No quedaron testigos, salvo los
propios hermanos, y estos, por supuesto, no se fueron nunca de la lengua.
Marta meditó unos instantes sobre lo que
le había contado su amigo.
-¿Y qué tiene que ver esa orden secreta
con los mensajes del muro del Archivo Diocesano?
-En las contadas ocasiones en que dejaron
rastro, fue a través de mensajes escritos. Se les reconocía por esa forma inusual
de escribir las tés, las eses y las aes. Una caligrafía única. Era una especie de
firma que solo podían reconocer los iniciados.
-Una orden secreta, pero dejando autógrafos.
La verdad es que no andaban bien de la cabeza. ¿Y crees que puede tener relación
con la mujer emparedada?
Ahora fue Pedro el que se tomó su tiempo
antes de responder.
-Dukan centró su estudio en Francia, no
hay nada de la presencia de la hermandad en otros países. Pero ya sabes, estas
cosas suelen difundirse. Tal vez algunos de sus miembros llegaran aquí en
siglos anteriores. No hay datos al respecto.
-¿Podrían ser la mujer o su asesinos
personas de origen francés, entonces? ¿Es una pista que podemos seguir?
-Es posible, pero también puede haber llegado
a través de nacionales de terceros países, e incluso de españoles que hubieran
estado en Francia. No hay modo de saberlo. Si, como creo, tiene alguna relación
con esa orden secreta, solo podemos estar seguros de dos cosas.
-¿De cuáles?
-De que esa mujer descubrió, o era partícipe,
de un secreto relacionado con alguna de las reliquias de la vida de Cristo. O,
lo que es lo mismo, que uno de esos objetos llegó a esta isla.
-¿Y la otra?
-De que son capaces de cualquier cosa para
conseguirlos o mantenerlos. Son capaces hasta de matar.
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Estos capítulos corresponden a una
iniciativa de Mariano Gambín, en colaboración con sus amigos de Facebook, para
aportar un rato de entretenimiento en estos días de reclusión forzosa.
Si has llegado tarde al inicio, puedes
leer los demás capítulos en misterioenlalaguna.blogspot.com, y ofrecer ideas
para su continuación.

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