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MISTERIO EN LA LAGUNA. CAPÍTULO 54. La Laguna. El inspector Galán había dejado otros casos para meterse a fondo con las pistas de la desaparición de Adela. Todo apuntaba a que había una persona, tal vez de nacionalidad francesa, que andaba por ahí abriendo puertas con facilidad pasmosa, atropellando a religiosos, y haciendo desaparecer a señoras mayores. Revisó otra vez la declaración de la señora Duguesclin de la tarde anterior en la comisaría. Manifestaba, en pocas palabras, que se encontraba en la isla por negocios inmobiliarios –era miembro del consejo de administración de una empresa constructora- y que, de paso, investigaba el paradero de un objeto religioso de “cierto valor”. Esas fueron sus palabras. Ella pensaba que Ariosto podía ayudarla en la búsqueda y por eso había acudido a él. También manifestó que no sabía con exactitud quién podía estar detrás de los allanamientos, pero que recelaba de una secta fundamentalista cristiana sospechosa de haber cometido otros...
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MISTERIO EN LA LAGUNA. CAPÍTULO 53 Campus de Guajara. Tras despedirse de Lugo, Marta bajó al primer piso del edificio departamental de Historia del Campus de Guajara. En vez se dirigirse al pasillo de los despachos, se metió en el de los laboratorios. Entró en el primero sin encontrar a nadie allí en aquel momento. Se acercó al armario de la pared del fondo y abrió una de las puertas. Allí se encontraban los restos rescatados del emparedamiento del museo Diocesano. Extrajo la bolsa que conservaba el cráneo de la mujer y la llevó a una de las mesas de trabajo. Buscó otra bolsa grande para meter el hueso, una de papel duro de un centro comercial le vino bien, y comprobó que podía llevarlo de una manera discreta. Siendo consciente de que se estaba saltando unas cuantas normas, salió del laboratorio y posteriormente del edificio en dirección a su automóvil. Aprovechó el breve paseo para llamar por teléfono a un amigo de un laboratorio científico muy avanzado localizado en el nu...
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MISTERIO EN LA LAGUNA. CAPÍTULO 52 Santa Cruz de Tenerife.   Sandra aprovechó los cinco minutos libres que Emelina tenía entre clienta y clienta de peinado, las de tinte llevaban otro horario, para hacerla salir de la peluquería a fumarse un cigarrito, eufemismo que significaba descansar al aire libre, aunque fuera el de la calle, y salir del ambiente cerrado de la peluquería. La pareja de Olegario tenía la agenda de la mañana completa y, en el fondo, agradeció que la insistencia de Sandra en hablar con ella la obligara a que le diera el sol un momento. –Yo no puedo hacer lo que me pides, Sandra –le dijo a la periodista en cuanto le comentó lo que quería–. Lo que necesitas es una sensitiva, y yo no lo soy. Soy apenas una aprendiz de echadora de cartas. –Algo más eres –replicó la joven–. Lo sé de buena tinta. Tienes sensibilidad para este tipo de fenómenos. –Una cosa es tener sensibilidad, que tú también la tienes, no lo olvides, y otra ser capaz de hacer determina...
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MISTERIO EN LA LAGUNA, CAPÍTULO 51. S anta Cruz de Tenerife.     Cuando Ariosto llegó a su casa, Olegario ya se encontraba en ella, tomando café con Fidela. En cuanto entró en la cocina, la mujer captó su estado de ánimo al instante. –¡Señorito! Está muy pálido. ¿Le ocurre algo? Ariosto se sentó junto al chófer y emitió un largo suspiro. –Fidela, ¿me haría el favor de hacerme una tila? –le pidió. Olegario miró con el ceño fruncido a su jefe. Algo le ocurría. Decidió esperar a que saliera de él lo que guardaba y le dio otro sorbo a su taza. –Ahora hablamos –le dijo Ariosto, finalmente. Estaba claro de Fidela no debía escuchar lo que tenía que decir. La asistenta le sirvió la tila, demasiado caliente, por lo que tuvo que esperar un rato antes de poder tomársela. –¿Quiere algo de comer? –preguntó la mujer, solícita. –No, gracias, Fidela. ¿Nos podría dejar solos un momento, por favor? La mujer conocía a Ariosto desde niño y no se tomó a mal la petición....
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MISTERIO EN LA LAGUNA. CAPÍTULO 50 Campus de Guajara. La cafetería del aulario tenía una clientela no superior a un tercio de lo habitual. Se notaba que aún no habían comenzado las clases y la fauna que pululaba por allí consistía sobre todo en profesores y becarios. Algún alumno ocasional destacaba entre tanto miembro del cuerpo docente. Marta dejó el coche aparcado enfrente y se dispuso a tomarse un café antes de dejar sus cosas en su despacho y llamar a Pedro, a ver cómo iban las averiguaciones de la Orden Secreta. Al entrar en el amplio espacio de la cafetería le recibieron, como siempre, decenas de voces en cacofonía. Había pocos lugares donde la acústica fuera peor que allí. Le sorprendió gratamente descubrir al profesor Álvaro Lugo, al extremo de la barra, tratando de pasar desapercibido cuando se tomaba el segundo donut con un café con leche. Si alguien lo acusaba de ello, siempre lo negaría. La arqueóloga se acercó a su amigo. –Buenos días, Álvaro –saludó, se s...
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MISTERIO EN LA LAGUNA. CAPÍTULO 49 Santa Cruz de Tenerife Galán, tras recibir la llamada de Ariosto, telefoneó a su colega de Santa Cruz, el inspector Ravelo. El radio de acción del primero se centraba en La Laguna, por lo que, en la capital, le correspondía el asunto de la desaparición de Adela a un compañero. Ravelo se interesó de inmediato por el relato de Galán y despachó un coche patrulla al domicilio de la tía de Ariosto. Él se incorporaría unos minutos después. Galán, por su parte, decidió bajar a Santa Cruz y le pidió al subinspector Morales que le llevase en un coche policial. Sabía de antemano que era imposible aparcar en el centro de la ciudad si no se llevaba la acreditación correspondiente. Delante del ayuntamiento existía una acera completa reservada para uso oficial, y Galán esperaba tener un hueco allí. Los policías laguneros tuvieron suerte y aprovecharon el último espacio disponible. Galán se bajó y se dirigió a la casa de Adela, dejando a Morales discut...